¿De qué te reís?
Mirábamos la tele y nos fumábamos uno. La serie de turno terminaba y la conversación superpuesta, no tan banal como podría suponerse, llegaba a una meseta. Ya sabíamos qué nos reunía. “Esto es aburrido, mejor nos damos unos besos”, fue la declaración –al borde de lo fático– que nos hizo poner cuerpos en polvorosa.
Pero la torpeza merodeaba y, a pesar de que conocíamos casi de memoria todos los manuales que referían a nuestros propios cuerpos en contacto, algo no cuajaba. Cómo describirlo… Él, demasiado sutil; yo, esperando una contribución algo menos frágil, más contundente, quién sabe… En cualquier caso, una distancia diferencial de expectativas y disposiciones.
Finalmente, el cuerpo sabe y la situación se acomodó. Ligeros desplazamientos y algunos zurcidos de saliva se cuadraron en un 69 glorioso (sí, sí, glorioso. Tengo por principio que cualquier 69 está bien, pero soy perfectamente consciente de que hay algunas lenguas que son mejores que otras). Vuelvo al 69 en cuestión: fue uno de esos que se terminan ocupando de cuanta cavidad hay disponible, que disparan orgasmos en todas las direcciones y que me dejan disgregada por las ocho esquinas de la habitación.
Decía que el cuerpo sabe, y entre otras cosas el cuerpo sabe porque tiene memoria. En ese sentido, hay algunos orgasmos que se hilvanan (en algo así como una memoria orgásmica). Como si ese estallido que rompe todas las continuidades, por un momento, lograra atisbar un mapa de orgasmos previos y futuros, la certeza de que hay una cartografía cuyo centro somos mi placer y yo.
Pero claro, gracias a la fuga que caracteriza al deseo, hay que felicitar a la sexualidad por escaparse del raciocinio. Entonces, en cuanto junto mis partes para encender un cigarrillo, el mapa se desvanece. Y para suplir la falta, llega la sonrisa. Y no llega sola, viene con una risita que le hace compañía.
Como las palabras, esa sonrisa designa una ausencia, que anoche era puro cuerpo presente. Una ausencia feliz, porque encierra la promesa de que los orgasmos no están solos. En algún lado están chocándose, rebotando entre sí, replegándose y multiplicándose. Esa idea me divierte.


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