Ticket to ride
Esta noche no me importa nada. Ya bebí todo lo que podía y fumé todo lo que me entraba. Mi parte social está absolutamente en orden. ¿Y ahora?
Ahora voy a lanzar un ataquecito... total.
Él protesta porque no tiene plata para el taxi. En circunstancias regulares le habría ofrecido un préstamo, pero esta noche me gusta un brillo de sus ojitos. Le ofrezco llevarlo a su casa y quedarme ahí.
“Bueno, vamos”, accede. Luego retrocede: un algo de contrariedad le nubla el brillito ése que yo había estado mirando, parece recordar no sé qué y, entonces, balbucea cosas, vagas imposibilidades que terminan en un “pero nada de sexo”.
“Ah, bueno... entonces no.”
Esta noche viajo sola, pero en taxi, para no sumar confusión.


<< Home