Cogiendo se conoce gente

Una producción de Omar Romay

lunes, julio 16

Pregunta un lector...

Si cogiendo se conoce gente... entonces acá, en Rosario, que es bastannnte difícil coger "de onda", ¿la gente es totalmente antisocial?

(Gracias Pablo Moyano, el lector)

sábado, junio 9

Después de tanto tiempo, tantos años, volví a verte ayer, de lejos, bajando de un auto. Iba en un taxi, yo, y a través de la neblina (esa neblina rara de estos días) alcancé a distinguirte entre los demás, los hombres que no me cogí o no me acuerdo. ¿Cuántas veces nos vimos? ¿Dos, tres? No sé, fue raro. Yo era chico (vos no tanto), a ninguno de los dos pareció importarle, ninguno se estremeció y sin embargo, al día de hoy, debo decir que aquellos fueron mis mejores polvos. Pensé que todavía me faltaba mucho, que tenía la vida por delante, que ya vendrían muchas experiencias... y las hubo, es verdad, y fueron satisfactorias, es cierto, pero aún así, y aunque no me creas, aquellos, cuando tenía dieciseis años, fueron... en fin, ya lo dije.
Bajé la ventanilla, casi saco la mano pero no me salió gritar. ¿Lo qué decir? ¿"Echémonos otro"? No tenía sentido. Andá a saber quién sos, cómo cogés hoy, andá a saber si me gusta, si te gusto o me gustás.
Andá a saber.
Por ahí todavía seguís casado con esa prima de la mejor amiga de mamá.

viernes, junio 8

Aclaración para lectoras y lectores desatentas y desatentos

Burbuja y Bellota, que hace rato no postean, son señoritas.
Belloto es señor.

jueves, mayo 31

Me dejó un comment, dos, tres. Me mandó un mail. Se las ingenió para conseguir mi teléfono y grabar un mensaje hilarante. Me invitó a un restaurant divino. Era inteligente, lindo, gracioso, auto-sustentado (¡basta de mantener lúmpenes! ¡suéltame, pasado!). Pasó a buscarme en auto.



Obviamente, tenía mal aliento.

miércoles, mayo 16

Era tan pero tan lindo que por una vez no importó que, frente a mi biblioteca, hiciera la vieja y remanida pregunta: (léase con voz de mucha sorpresa) "¿Los leíste TODOS?"

Tres años después lo encuentro en un mostrador de McDonalds, con todo el acné que trae consigo la exposición a las temibles máquinas freidoras.

La justicia divina no existe, pero que la hay, la hay.

miércoles, marzo 22

Summer Dreams

I. Lo escribo ahora que llegó el otoño. Ponele.

II. Porque detrás de todo sólo hay una mujer y porque es cliché tener una historia de verano. Por eso, en estas vacaciones conocí a mi Mitch. Te juro que él venía corriendo por la playa y yo lo veía en ralenti, como en la apertura de Baywatch. Jugábamos con sus binoculares, hacía que me rescataba, hasta me ahuyentaba los peligros que traía el mar: desde alguna aguaviva hasta un surfer distraído, lo mismo daba.

III. ¿Se saborea más apretujar en una semana los devaneos que una historia en la ciudad tomarían meses? En algún momento se me ocurrió que es como conformarse con un "Grandes éxitos", la ñoñería del "compiladito". Pero después -tal vez para convencerme- intenté creer que en realidad se trata del ejercicio más puro de la sinceridad. No me decido.

IV. ¿Me conformo con no verlo nunca más? ¿Qué es eso de andar dejando corazones rotos?




PD: Sí, sí, el lugar común de la playita, la cabaña, coger día y noche, eso también.

martes, enero 24

Generala

Ya van dos. Asumo que es porque somos pocos y nos conocemos mucho. Lo cierto es que M llega antes, siempre. Pero por la poca información que tengo de ella, creo que no hay dos personas más distintas en el mundo que M y yo. Sin embargo ya vamos coincidiendo -casualidad mediante- en dos conocidos. Sobre el primero no era muy difícil pensar (y de última siempre hay ex). Pero hace unos días la coincidencia se dio por segunda vez y me empecé a preocupar.
¿Podríamos ser amigas? ¿Algo nos une por compartir viejos y nuevos conocidos? Quizá tendría que llamarla y preguntarle en qué anda, así voy agendando para los meses que vienen lo que ella descarte por estos días. La tercera será la vencida. Por ahora, tachame la doble.

martes, enero 10

Viva la diferencia

Nos pusimos a discurrir con mi amigo B* sobre la polémica teoría de Bombón.

Burbuja: ¿Polvo diferido polvo perdido?
B: Depende del lado que te toque.
Burbuja: ¿Cómo es eso?
B: Claro, depende. Vos diferiste a X y mal no la pasaste. Pero Y te viene difiriendo hace unos meses y eso no te gusta nada. ¿O me equivoco? El tema es de qué lado estás: si te toca ser el diferido o el diferente.
Burbuja: Interesante análisis, B.

*con B venimos difiriéndonos mutuamente. Ahí no sé cómo se aplica su observación pero no me animé a preguntarle.

viernes, diciembre 30

WE RULE!

You love us, you really love us

domingo, diciembre 11

Animarse a más

Sé que me gusta y sospecho que a él algo mío le atrae (que puede que no sea eso, pero algo es algo y entonces, ¿por qué no? ¿Por qué sí? ¿Porque sí?). Por lo demás, no hacemos más que repetir eso, el momento awkward en el que hablamos de alguna cosa que suena importante y tal vez no lo es tanto. Nos vamos enroscando. Pero cada vez más, aclaramos y oscurece. ¿Histeria? ¿Fiaca o ganas de evitar alguna polémica? ¿Habrá que hacerle caso a Bombón y adherir al “polvo diferido, polvo perdido”? ¿Cómo dar el primer paso y no quedar en off-side?
Después, la despedida. "Nos vemos". Y otra vez pensar que me quedé con ganas de decir.

martes, noviembre 8

Ticket to ride

A veces pasa que las cosas no están del todo claras. Pasa que nos queremos, pasa que eventualmente nos coparía tocarnos pero en general no, pasa que –como no pasa nada– todos los colectivos nos llevan a ninguna parte… y a veces vamos y nos subimos gustosos. A veces viajamos solos, otras veces estamos tan apretados entre tanta gente que nos escuchamos pero no nos vemos. En general subimos y bajamos en paradas distintas, pero compartimos algunos tramos y no nos va tan mal.

Esta noche no me importa nada. Ya bebí todo lo que podía y fumé todo lo que me entraba. Mi parte social está absolutamente en orden. ¿Y ahora?
Ahora voy a lanzar un ataquecito... total.
Él protesta porque no tiene plata para el taxi. En circunstancias regulares le habría ofrecido un préstamo, pero esta noche me gusta un brillo de sus ojitos. Le ofrezco llevarlo a su casa y quedarme ahí.
“Bueno, vamos”, accede. Luego retrocede: un algo de contrariedad le nubla el brillito ése que yo había estado mirando, parece recordar no sé qué y, entonces, balbucea cosas, vagas imposibilidades que terminan en un “pero nada de sexo”.
“Ah, bueno... entonces no.”

Esta noche viajo sola, pero en taxi, para no sumar confusión.

domingo, noviembre 6

White Stripes

Pensé que la había perdido para siempre y que con ella se habían ido mis posibilidades de conocer gente de aquí a la eternidad.
Resulta que hubo un tiempo en el que cada vez que me calzaba mis medias rayadas -rayitas verticales blancas, fondo negro- tenía éxito asegurado (en otro momento mi cábala era cierto boliche de nombre horrible pero de generoso subsuelo, ampliaremos). Hasta que se me vino a perder una de ellas y se me derrumbó cualquier plan de conocimiento, cercanía o roce con algún humano medianamente potable.
Revolví todo, días llorando la frustración de la media extraviada. Y mascullando la impotencia que me daba la otra, solita ahí en el fondo del cajón. ¿Si me ponía esa sola tenía garantizado un 50% de efectividad? ¿Existe algún factor proporcional a la hora de las cábalas? ¿Tendría que inventarme otra cábala y dejarme de joder?
Me llama mi madre hace un rato: "¿A qué no sabés qué acabo de encontrar?". Pensé: "Mi media de coger, me muero" (obviamente no se lo dije).
¡La recuperé! Vuelvo a ser yo. Con la media recobrada me pongo a la búsqueda del tiempo perdido (o "agarráte Catalina", diría mi amigo A).

miércoles, octubre 26

Antídoto

Hay días en que parece que la cabeza está a punto de estallar. Porque el trabajo fue un quilombo, porque el colectivo parecía una lata de sardinas, porque se rompió el taco del zapato bajando un cordón, porque almorzamos a las cuatro de la tarde, porque llueve y hace frío, porque las relaciones humanas son complicadas, más todos los etcéteras que al lector se le puedan ocurrir.
Días extraños, dice un amigo.
Presa del más absoluto fastidio, escucho los mensajes en el contestador: uno equivocado invitando a Marta a la comunión de Lucila, uno pregrabado que pretende que a mí me interesa comprar un auto, uno de mi madre que no dice nada pero hace acto de presencia y uno que no llega a ser tal porque quien llama prefiere dejar pasar dos segundos y cortar.
Me detengo a pensar en el mensaje que no lo es y fantaseo con la posibilidad de que va a volver a llamar. Como si lo hubiese deseado muy fuertemente y eso sirviese para algo, cuando termino de ducharme el teléfono suena otra vez. Atiendo y escucho un “Hola, Bombón. ¿En qué andás?”.
Oculto mi fastidio, porque al caballero acaso no le importe y porque estoy dispuesta a recibir su dosis de caramelo.
“Ah, recién llego. ¿Querés venir?”
“Te llamaba justamente para eso”
“Bueno, te espero. Un beso”
Recién salida de la ducha, decido esperar en bata… total. Mi humor no está para preparar la escena ni nada que se le parezca.
Abro la puerta y hago pasar a C, que viene con un entusiasmo para la conversación que a mí no me interesa. Durante un rato pongo cara de que lo escucho, pero me pierdo en sus detalles milimétricos sobre alguna cuestión que no logro redondear del todo porque no me importa y porque mi cabeza, a pesar de la ducha, el llamado y la visita, sigue en clave de fastidio.
Irrumpo con un “¿Nos vamos a la cama?”, y como el tipo es gauchito rápidamente echa manos a la masa.
No voy a dar muchos detalles porque esta vuelta no vienen mucho al caso. El asunto es que, cuando una tiene uno de estos días, resulta de mucha utilidad el back-up de caramelo con buena onda. Porque no hay lo que hacer: no hay mejor antídoto para el fastidio que un buen polvo.

jueves, septiembre 22

Primavera = cero

No me molesta el calor, me agrada ir viendo cómo se empiezan a exhibir los cuerpos y las pieles. Pero me indigna la impunidad ad hoc. A partir de ayer no se puede ir degustando un Torpedo por la calle que una tiene que escuchar una cantidad de guarradas inexplicables. ¿Todo porque empezó la primavera? Un día antes, ni lo registraban. Y ahora, paf. "Olivia, subíte a mi Torpedo" o "no le saques la lengua, usála para otra cosa" o "palo palo palo palo bonito, palo eh". Por citar sólo tres cosas que me dijeron ayer por Colegiales en menos de tres cuadras, heladito en mano.
¿El piropo callejero es una buena primera etapa para conocer gente? ¿O es para el que no se anima a más?
Yo me pregunto.

jueves, septiembre 15

Sorpresa y media

Se acabó, pensé. La fiesta había sido una reunión con la música medio fuerte, con cierto desfile de vinos (ni muchos ni muy buenos) y cuantiosas botellas de cerveza (que yo prefiero evitar, pero sin oponer una férrea resistencia). El tipo que me pareció que me gustaba se había retirado temprano. Me gustaba de lejos y esa noche no había sacado a pasear ninguna de mis destrezas arrolladoras. Simplemente me había dejado llevar por esas vueltas y vueltas que habían terminado en Belgrano, en cierto living, en cierta pretendida fiesta que no pasaba de reunión.

En general prefiero retirarme –triunfante o no– promediando la madrugada, pero las cosas no se habían dado y ahí estaba yo, algo ebria, lidiando con una nada emprendedora voluntad de levantar y, para qué negarlo, dispuesta a dejarme arrastrar por las circunstancias, que… bueno… no prometían nada de nada.

Quedábamos unas diez personas. Mis conocidos ya se habían retirado. De repente, una nueva conversación con un hombre divino (¿dónde estaba antes?). Cosa va, cosa viene, se me despertó la máquina de atacar y el desconocido me acompañó a casa.

Charlamos, charlamos, charlamos. En medio de la conversación, me pareció que era posible enamorarme de esa persona. Y sí, me enamoré hablando de cine y eligiendo discos. Así de enamorada estaba que charloteando, charloteando se nos hizo de mañana.

Luego vino el beso, los besos, las caricias, las caricias desenfrenadas, las contorsiones que a veces se presentan al momento de desvestirse para no desprenderse del otro. Cuando palpé cómo venía (media sorpresa), no encontré contundencia ­­–como diría Belloto– y me desenamoré un poco, pero el desenamoramiento no me duró nada. No me duró nada porque el pibe tenía unas manitos de esas (sorpresa), de esas que conocen de qué se trata absolutamente todo y además se pronunció así: “Puedo hacer esto por horas”. Claro, pensará algún vivillo. Y sí, claro, pero excelente predisposición y yo... bueno... tuve tantos orgasmos como él dedos. Y ahí me enamoré de nuevo.

No quiero decir con esto que sólo disfruté de sus racimos virtuosos, pero sí que es lo que me hace sonreír ahora mientras me acuerdo de él. El enamoramiento duró una semana y después se desvaneció sin dejar rastros, pero la semana fue intensa, intensa por las noches y por las mañanas.

No hay nada que hacer: el que sabe, sabe.

sábado, agosto 27

Por debajo de la mesa

Yo empiezo por los pies. Me encanta explorar todo el largo de las piernas de ese que me gustó y dije “chau”. De ahí en adelante un par de acomodamientos en la silla, buscar la disposición justa en la mesa (ideal para una cena entre varias personas, de esas largas y con muchos vinos), sacar discretamente por debajo del mantel mi calzado y empezar la expedición. Debo agradecer la extensión de mis piernas. Por ellas este tipo de maniobras suele tener algún efecto más o menos inmediato. Una vez que mis pies encontraron la presa y que ella se deja indagar sin objeciones (la discreción del personaje en cuestión debe ser total y si entendió el código improvisará la misma cara de póker que pongo yo ante los demás comensales que divagan, por caso, sobre un libro de Salgari). Algunas pieles se sorprenden pero es un instante de roce. Después no se despegan. Si no me conformo aplico la pinza: mis dos piernas atrapan las del otro, oprimen bien fuerte y las detienen hasta que yo diga basta.
Yo empiezo por los pies. No sé, quizá debería empezar por la cabeza.
Por las dudas no intenten esto en sus casas.

viernes, agosto 26

Otro aforismo (para chicas)

Menos orgasmos tuvo Dios y perdona.

jueves, agosto 25

Aforismo

El tamaño no importa. Contunde.

domingo, agosto 21

Asignatura pendiente

Era el "chico grande" que me gustaba a los 15. Ese que nunca te daría bola. Me llevaba cuatro años nomás, pero a esa edad, eso es "ser grande".
Volví a encontrármelo por casualidad un sábado a la noche, ya con veinticuatro años (yo). Nos quedamos juntos hasta el día siguiente. Amanecí en su casa, no habíamos dormido ni dormimos después. Ocasionalmente parábamos a tomar un vaso de Coca Cola, charlar un poco o simplemente a descansar. Tenía pareja, me había dicho, pero estaba de viaje, así que no me preocupé.
Serían ya las ocho de la noche del domingo cuando después del último lance me entró un poco de frío. Extendí una mano y tiré de una frazada que estaba a un costado, sobre un sillón.
La manta, al correrse, dejó ver una pistola.
Grande.
(Y no de las que nos interesan sino una pistola-pistola, un arma de fuego.)
-¿Y esto?- pregunté sin esconder mi asombro, rechazo, pánico, terror.
-Ah, es de Fer.
Mi mirada pedía más precisiones.
-Trabaja en la fuerza, él.
-¿Es cana?
-No ¿cómo va a ser cana?- me dijo, pero no dejó que alcanzara a tranquilizarme antes de agregar: -Está en la marina.
Sudor frío.
-Él me engañó hace poco ¿sabés? No sabés lo feo que fue descubrirlo. Mirá esta cadenita... se la regaló el otro. Por eso lo descubrí.
-Escuchame... ¿dónde está él ahora?
-Se fue el viernes. Vuelve hoy a la noche o mañana.
Glup.
Lo puteé y me fui, claro.

Y volví a verlo dos o tres veces, por supuesto. Después de todo, era el chico grande que me gustaba a los 15.

martes, agosto 9

"Blast" from the past

En la terraza del hotel de una conocida e importante ciudad hermana latinoamericana, departía amablemente con X, músico de nuestro país con quien por casualidad coincidí en la urbanización de marras. Una discreta borrachera compartíamos aquella noche. Habló de su ex, su actual, sus hijos, la dinámica del cangrejo y mil cosas interesantes. En cierto momento, no sabría reconocer por qué, la charla derivó hacia el porno. Más bien, ocurrió lo siguiente:
-Me gusta mucho el porno- dijo él.
-Ah...
Ufffff, pensé. Típico de chongo, ahora va a hablar de tetas.
-Sí, me gusta mucho. Y tengo gustos muy amplios...
Lo miré con un poco de desconcierto.
-Claro, me gustan muchas cosas... por curiosidad, nomás.
-Bueno, supongo que es el espacio para canalizar ciertas fantasías.
-Sí, claro... igual, siempre tienta probar algunas.
-Ajá.
Largo silencio.
-Hace frío- me dijo. Y de inmediato agregó: -¿Vamos a tu pieza?
En fín, así es el chongo perdido en tierra extraña, m'hija.
Y no es para comparar, porque el gusto está en la variedad, solo sepan que por mi pago la chupamos y piden más.
¡Y adentro!

Sólo agregaré que el muchachito fue muy receptivo.